miércoles, 16 de abril de 2014

Isanrra: Capitulo 2 Amnesia

Capítulo anterior:  La cueva


Abrí los ojos al sentir un agudo frio sobre mi mejilla. 

<< ¿Dónde estoy?>> Pensé aun aturdida

Frote mis ojos mirando a mí alrededor. Tarde unos segundos en orientarme, pero lentamente fui reconociendo el lugar que me cobijaba. 

No había duda de que seguía en la cueva, de alguna manera, en algún momento me había quedado dormida sobre una gran roca, con la mochila de almohada. 

<<Podría jurar que deje la bolsa en el campamento>>. 

Por más que lo pensaba aquello carecía de sentido. Lo último que alcanzaba a recordar era que regresábamos al campamento y luego… nada. No había nada más. Toda clase de recuerdo que pudiere haber tenido, había desaparecido de mi mente por completo. Me preguntaba cómo es que había vuelto a la cueva. Desperezándome me levante de un brinco y Mire el reloj deseando que no fuese demasiado tarde para volver al campamento, pero mi rostro se ensombreció al darme cuenta de que había pasado la noche allí.

Con un atisbo de preocupación busque a mis amigos con temor de haberlos perdido. Me tranquilizo ver que Erick se encontraba no muy lejos de mí, aferrando su bolsa y roncando como si no hubiese un mañana. Me aproxime hacia él, y me agache para apartele con dulzura un mechón negro que le caía con elegancia por el rostro. Estaba tan guapo... 

Nunca supe exactamente como llego a pasar. En algún momento de mi vida, mis sentimientos por el comenzaron a ser algo más que simple amistad. Obviamente mi amigo no era conocedor de estos sentimientos y aunque me doliese, me negaba a estropear todo lo que teníamos por confesarle un deseo que probablemente él no tendría por mí. Igualmente yo no parecía ser de ninguna manera su prototipo de chica ideal, él parecía más de chicas como Cora. ¡Oh dios mío Cora! Me levante de un brinco buscando con la mirada, a mi amiga perdida. No la veía por ninguna parte y entonces me di cuenta de algo. Al observar con atención me percaté de que no estábamos en el estanque. Seguramente nos habríamos adentrado en lo más profundo de la cueva. 

Que frustración no recordar nada.

- ¡Despierta zángano, hemos perdido a Cora!

- Umm… cinco minutos más… 

- ¡Señor! ¡Pero qué capacidad de dormir tienes! ¡Vamos levántate! seguimos en la cueva, parece que hemos pasado aquí la noche… ¿y Cora?

- ¿Qué pasa con Cora? - Susurro adormilado. 

No sabía si sentirme ofendida de que aquellas palabras fuesen lo único que había escuchado, o darle un tortazo para que espabilase. Me decante por lo segundo. 

- ¡Auuuutch! ¿A que ha venido eso? 

Se incorporó de golpe. Objetivo conseguido.

- ¿Es que no has oído nada de lo que te he dicho?

- Cueva… tortazo… Cora… 

Se llevó la mano a la mejilla masajeando sutilmente la zona en la que recibió el impacto. Parecía estar repasando lo ocurrido mentalmente, pero ¿se estaba quedando dormido otra vez? ¿Le atizaba otro tortazo? Prepare mi mano para el segundo asalto, cuando de improviso abrió los ojos de par en par y se levantó de golpe.

- ¡Fio! ¿Qué hacemos aun aquí?

- ¡Al fin! Eso te estaba preguntando pedazo de melón. ¿Qué es lo último que recuerdas?

-Pues… volvimos al campamento… y… y…

- ¿Y?

- Y… nada. ¿Por qué estamos aquí? - Pregunto mientras agarraba su mochila con una mirada incrédula. Parecía igual de perdido que yo. - ¿Cuándo hemos vuelto?

- Tal vez volvimos al campamento a buscarlas para coger los bañadores - cavile un tanto insegura - supongo que volvimos con Cora para darnos el chapuzón que tanto deseaba pero ¿Dónde está ella? 

Mire mi vestimenta para comprobar que efectivamente Llevaba puesta la misma blusa del día anterior que parecía estar seca. Al no tenía el bikini puesto por debajo descarte la posibilidad de que nos hubiésemos bañado. Mi amigo pareció comprender y rebusco en su mochila sacando su bañador del fondo de esta.

- Parece que no nos bañamos. Que extraño.

- Venga vámonos, los chicos estarán preocupados, y aquí hace demasiado frio. Acabaremos cogiendo una pulmonía -Indique a mi amigo tirando de su brazo. Definitivamente no comprendía que estábamos haciendo allí. Lo mejor sería volver al campamento.

No nos costó demasiado encontrar la salida. Atravesamos un par de pasadizos y seguimos andando en dirección al viento que venía hacia nosotros.

- ¡¿Pero qué diablos?! - Me detuve en seco, provocando que mi compañero chocase de lleno contra mí- Por aquí no es por donde hemos entrado.

- Aguarda, voy a ver si veo la otra salida.



Espere durante más de una hora. Una preocupación insana amenazaba con apoderarse de mí. ¿Y si se había perdido? ¿Debía entrar a buscarle? Pero… ¿y si salía justo cuando entrase a la cueva? 

No podía cesar de darle vueltas al hecho de cómo habíamos llegado hasta aquel punto. Me sentía igual que cuando me apuntaba a alguna fiesta, y bebía dos copas de más. A la mañana siguiente todos los datos eran confusos. Pero en aquella ocasión no recordaba ninguna fiesta, ¡ni siquiera había tomado alcohol! Lo mejor sería dejar de especular en el cómo, y buscar soluciones. 

El paisaje era admirable. A diferencia del lugar por el que accedimos a la cueva, en ese lado la vegetación era aún más abundante. Las flores, de todo tipo y colores, crecían tanto por el amplio césped como por los árboles, en general todo parece más vivo y en armonía. 

- Lo siento - Erick me saco de mis pensamientos. Agradecí que se encontrase bien. -Aquello es un laberinto, creía que no lograría encontrar la salida de nuevo. Tendremos que buscar el campamento por este lado el bosque. No estará muy lejos - Termino dándole un repasando a toda el área con las manos posadas en la cintura.




La noche nos alcanzó y ya era oficial. Estábamos total y completamente perdidos. No habíamos parado de andar en todo el día. Sentía las piernas totalmente agarrotadas, y por si fuese poco necesitaba quitarme aquel maldito peso de la espalda. Deseaba sentarme, comer, hidratarme. Pero también ansiaba encontrar el camino de vuelta, volver a casa y sentirme calentita con una bata. Jugar con mi pequeña gata gris. 

Aquellos pensamientos me daban fuerzas para seguir luchando, seguir caminando. No obstante, por mucho que tratase de engañarme no volvería a mi hogar. Al menos no aquella noche. 

No logramos encontrar el camino al campamento y para colmo de males nuestros móviles no marcaban cobertura. 

El pánico me inundaba de nuevo. Tendríamos que pasar la noche a la intemperie pues No teníamos la tienda de campaña. 

Con esa sería la segunda noche que pasábamos fuera de casa. 

- ¡Alto! ¡Para! Ya no puedo más Erick, llevamos andando todo el puñetero día y no hemos parado ni a comer. ¡Necesito un descanso urgente! 

Arroje la mochila contra un árbol y me senté con las piernas cruzadas. Tras varios suspiros saque un par de bocatas de mi bolsa y le lance uno a mi amigo, el cual lo miro dubitativo.

- Será mejor que lo guardes Fiora, no sabemos cuánto tiempo pasaremos aquí, tenemos que reservar la comida para cuando suceda lo peor. 

- Mira que eres catastrófico. Seguramente mañana encontraremos a nuestros amigos, no creo que estemos muy lejos. Con respecto al bocata te dije que te traería uno, así que cállate y come, además si no se pondrán malos. - al ver que él seguía mirando con esa expresión dubitativa continúe - Míralo de este modo cuando volvamos a tener hambre dame uno de los tuyos y ya está.

- veras… yo solo he traído un par de sándwiches y barritas de cereales, no sería justo para ti, este bocata es más grande.

- ¡Por el amor de dios Erick! Pues más razón aun. Tenemos que alimentarnos, repartamos lo que tenemos en las mismas cantidades. - Se quedó buen rato pensativo mientras observaba el bocata de nuevo. Finalmente asintió y no puso más pegas. 

- ¿Qué haremos ahora? - Pregunto mientras comía.

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno… ya apenas se ve la luz del sol, no podemos seguir andando por ahí, y vete a saber en dónde diablos quedo esa cueva del demonio. - Hizo una pausa - ¡Maldita Cora! “démonos un baño” ¿porque que la haríamos caso? ¿Y dónde coño esta? ¡Seguro que volvió al campamento sin nosotros! ¡Maldita bru…

- ¡Erick! No sabemos dónde está, tal vez se encuentre igual de pérdida que nosotros y lo que es peor, sola.

- Sí, es una posibilidad. Lo siento Fiora, es solo que pensar que podría haberse largado sin más, me pone nervioso.

- Admito que también se me ha pasado por la cabeza, pero tenemos que darle el beneficio de la duda. Con respecto a lo de que haremos… voto por pasar aquí la noche. Recemos para que no se acerque ningún animal.

- ¡¡¡Hare la primera guardia!!! - Mi amigo grito tan alto que del susto que me dio se me cayó al suelo lo que me queda de bocata - Lo siento, siempre he querido decir eso.

- No importa, se limpia un poco así y… ¡a comer!



La noche cada vez era más oscura, lo cual nos hacía permanecer intranquilos. Teníamos miedo. Los ruidos se tornaban diferentes en comparación a los que se percibían con la luz del sol. El canto alegre de los pájaros había desaparecido y en su lugar, los grillos cantaban con una gran insistencia. De cuando en cuando se escuchaba cierto aullido, y otra serie de sonidos que no deseaba averiguar a qué animal correspondía. 

La temperatura disminuyo copiosamente. Agradecía haber llevado un jersey de repuesto para abrigarme. Erick me ofreció su sudadera, todo un caballero, pero él también debía resguardarse de la fría noche que nos quedaba por delante. No podíamos permitirnos el lujo de que uno de los dos enfermase. 



El riguroso suelo, impedía adoptar una postura cómoda para dormir. Algunas piedrecillas se me clavaban en la espalda, haciendo así imposible encontrar una postura aceptable. Finalmente, me acurruque junto a mi amigo, para sentir su calor corporal. Este acaricio mi cabello de un modo distraído a la vez que tarareaba una canción, sumiéndome así en un profundo sueño. 




O me lo quitaba de encima o terminaría asfixiándome. Aquel hombre tenía un brazo muy fuerte, no podía moverlo, no podía zafarme de él, no podía… 

Comenzaba a perder el conocimiento. Trate de desenfundar mi espada, mas no lo conseguía, logre rozarla con la punta de mis dedos y en aquel instante el me agarro la mano con el brazo que le queda. Demasiado tarde…

<< ¡Oh, bendito aire! >> 

Sentí como el oxígeno volvía a mis pulmones. Me gire para averiguar el motivo de mi liberación. 

Sangre. 

Nerissa se encontraba de pie junto al cuerpo inerte de la persona que intentó estrangularme. Su espada aun chorreaba el espeso líquido rojo y su mirada era aterradora. esos ojos… había algo diferente en ellos. Ira. 

Fije la vista en el cadáver observando los tatuajes de su rostro.

- Soldados de Dayron - comento mi salvadora en un tono lleno de ira. 

- Lo sé, si él está aquí los demás no andarán muy lejos. Será mejor que nos pongamos en marcha - me gire, en busca de mi otro compañero que seguía durmiendo sin haberse enterado absolutamente de nada-. Levántate Adelbert ¡Nos vamos!




Fue un extraño sueño. Desde luego no era yo, parecía una autentica guerrera dando órdenes y hablaba de un tal... Da… Dami… ¡Dayron! ¿Quién diantres era ese Dayron? 

Comenzaba a sentirme exasperada pues aquellas quimeras cada vez eran más frecuentes y mucho más vividas. Aun cono todo seguía sin comprende si aquellos sueños realmente querían decirme algo. 

En una ocasión, unos de los psicólogos que me trato, me comento que se trataba de una vida, unas personas, unos amigos que había inventado en mi subconsciente para compensar mi soledad. Para alejarme de mi mundo real. Si bien era cierto que no era muy feliz en el lugar donde vivía. La codicia, la ambición, la falta de humildad de las personas, la forma en la que las estas evolucionaban me hacía replantearme ciertos aspectos de la vida. Pero Aun asi, bajo ningún concepto iba a aceptar que me estaba inventando un mundo nuevo para sustituir el mío. Sin duda no sabía que significaban aquellos sueños, pero ¿acaso importaba? No eran más que absurdas fantasías al fin y al cabo. 



Un lejano ruido atrajo mi atención. Aún no había amanecido, pero no faltaba demasiado. ¡Crash! Ahí estaba de nuevo. Levante la mirada para observar a mi amigo que se había quedado dormido con la cabeza apoyada contra el tronco del árbol. ¡Vaya un vigía!

- ¡Erick despierta! He oído algo.

- Ummm… un poquito más… 

<< No me lo puedo creer ¡siempre igual para despertar a este hombre! >> 

Me levante de un brinco dejando a mi amigo tendido en el suelo. Este lentamente comenzó a desperezarse profiriendo un leve grito de satisfacción al estirarse sobre la hierba.

- ¡Tss! No grites he oído ruidos, me parece que hay alguien ahí.

- ¿Dond… - me acuclille al instante para taparle la boca con la mano. Lo había vuelto a oír, estaba completamente segura de ello.

Permanecimos varios minutos como dos animalillos asustadizos, con temor de mover un solo musculo. Al rato ya no se escuchaba ningún tipo de sonido fuera de lo común, ni se veía nada extraño, por lo que libere la boca de mi amigo me erguí y propuse seguir adelante con nuestra empresa. No podíamos quedarnos parados eternamente. 

Recogimos todas nuestras pertenencias, no es que hubiese demasiadas ya que nos dejamos gran parte de ellas en el campamento. Eche especialmente en falta el calor de mi saco de dormir, no hice sino despertarme continuamente a causa del frio, un simple jersey no fue suficiente para acabar con la gélida noche. 




Todos los caminos parecían iguales ¿Cómo podía orientarse nadie entre tanta vegetación? Nos sentamos bajo un viejo roble. Ya solo nos quedaba una barrita de cereales y una manzana verde y arrugada, que repartimos entre ambos. Erick mostraba un aspecto cansado. unas pequeñas bolsas moradas asomaban bajo sus ojos y La suciedad inundaba todo su rostro, las manos, las uñas; la ropa estaba igual de machacada y desgarrada. ¿Tendría yo el mismo aspecto andrajoso? Hacía días que se nos acabaron los temas de conversación, cualquier cosa que dijésemos sonaba horrible. Hablar de casa era sin duda la peor de las opciones ya que los dos deseábamos estar allí. Hablar del futuro carecía de sentido, pues habíamos admitido que estábamos completamente perdidos. Por más que anduvimos no dimos con ningún tipo de pueblo, ni signos de civilización. No era posible que nos hubiésemos alejado tanto del campamento.

Volví a mirar el llavero que sostenía entre las manos, con la foto de mi padre y de mi gatita. Cinco días fuera de casa. Comenzaba a estar realmente preocupada por Missi. Me aterrorizaba pensar que cuando volviera a mi hogar le hubiese sucedido algo malo. No podía si no rezar por que el padre de Erick, que poseía una copia de las llaves de mi casa, hubiese entrado a mi hogar a alimentarla.

No le dije nada a mi compañero por no preocuparlo, pero aún tenía esa inquietante sensación de que alguien o algo nos seguían. 

<< Un animal >> pensé.

La mañana anterior pude verlo, o eso pense. Lo único que vislumbre fue el pelaje gris de alguna especie de fiera. Poco más tarde pude ver unos grandes ojos esmeralda acechando entre las sombras. 

<< Probablemente es algún tipo de felino >>. 

- Vamos a tener que buscar algo para comer o moriremos de hambre. - Soltó Erick de imprevisto. Su voz sonaba ronca.

- O de sed - objete poniendo mi cantimplora del revés soltando unas escasas gotitas de agua. - Mi cantimplora ya está vacía y a la tuya poco le queda.

- En realidad se acabó anoche, lo siento, tenía la boca más seca que una uva pasa.

- No te disculpes conmigo. Saldremos de esta, ya lo veras. - Aunque en realidad no estaba muy convencida de ello.

No soportaba verlo así, a pesar de que aún conservaba esa pequeña chispa que tanto le caracterizaba, ya nunca sonreía y casi siempre estaba en modo negativo. Erick siempre era quien tiraba de mí, quien me animaba a seguir adelante, el positivo del grupo. Pero en esa ocasión… Era yo quien debía hacerlo, la que tenía que luchar por los dos, por mantenernos a ambos a salvo. Llegue a pensar que en algún momento de nuestra aventura mi amigo entro en alguna especie de trance. Pero no podría asegurarlo.

- Quédate aquí, voy a ver si veo alguna mora o algún tipo de fruta por los árboles. 

Si bien había estado especulando con cazar animales el día anterior a la acampada, realmente no me sentía capaz de hacerlo. Quitar una vida… 

- ¡De eso nada! No pienso dejarte sola voy contigo.

- Está bien, vamos. 

No deseaba discutir con él. Mi intención fue que se quedase descansando un rato, pero sentí alivio de que finalmente me acompañase. Lo cierto era que me asustaba el hecho de que permaneciéramos demasiado tiempo separados el uno del otro. No me apetecía perderme y acabar vagando sola por esos parajes.



Rebuscando entre la vegetación halle unas zarzamoras. rasgue un par de veces mi mano al coger la fruta pero finalmente logre atrapar un puñadito. También encontré unas setas, no obstante no estaba segura a ciencia exacta de si podrían ser comestibles. Mi padre trato de enseñarme cuales eran buenas y cuáles no, pero siempre me aburría con esas clases y no prestaba demasiada atención. Cuan arrepentida me sentía entonces. Sin embargo, si reconocí otro tipo de hongos que vi no muy lejos de donde estaban los primeros. Supe al instante que eran comestibles por lo que agarre todos los que había. Seguí andando con la buena suerte de encontrar bajo unas hojas, unas cebollas silvestres.

<< ¿Cómo vamos a comernos esto? >> Me pregunte. 

Era increíble la de alimentos que había por esa zona. 

Encontré a Erick cerca de una charca llenando las cantimploras. El agua parecía ser potable. Cuando termino se giró y miro sonriente mientras se acerca a mi posición. Al fin podríamos saciar nuestra hambre y sed. La suerte parecía haberse puesto de nuestro lado.

¿¡Pero que!? ¿Qué había pasado? Mi amigo cayó desplomado al suelo. Corrí lo más rápido que pude para auxiliarle, pero... ¡Auh! Note un pinchazo en el cuello. De repente sentía pesados todos los músculos de mi cuerpo. Me tire al suelo. Los parpados se me cerraban. ¡Oh no! era demasiado tarde, estaba perdiendo la consciencia.



<< Erick, lo siento. >>





 Capítulo 3: ¿Quién es ella? 

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