viernes, 13 de febrero de 2015

Isanrra: Capítulo 5: Deseo



Si Melissa tenía razón, explicaría todo lo que estaba sucediendo. Los sueños, aquella sensación familiaridad con ese mundo, los tavit. Sí, la magia existía. ¿Cómo pude estar tan ciega? no darme cuenta de que ya no estábamos en la tierra. Todo allí era tan diferente… que ciega estuve.
Por otro lado ¿cómo podías pedirle a una persona que aceptase semejante información en tan poco tiempo? ¿Realmente pertenecía a aquel lugar? No tenía si no más preguntas. La necesidad de saber cómo ¿Por qué estaba allí? ¿Si era de Isanrra, como llegue a la tierra? Y la cuestión más importante ¿Cómo habíamos llegado hasta allí? Me sentía avergonzada solo de pensar que por mi culpa mi amigo se había visto envuelto en aquella situación, en aquel mundo. Isanrra.

Con tanta información en mi cabeza, apenas fui capaz de tomar mi desayuno por lo que se lo ofrecí a mi amigo que ya se había levantado. Me sorprendió que no hiciese mención de lo que había sucedido la noche anterior, cuando apareció Nerissa, la mujer de mis sueños.  
Una vez terminamos el desayuno recogimos las pocas pertenencias que poseíamos y salimos tras Melissa. Esta nos condujo a un pequeño arroyo no muy lejos del campamento.
- Aquí tenéis chicos - nos arrojó un puñado de ropas - lavaos y cambiaros de ropa. Con ese atuendo llamáis demasiado la atención.
- ¿Estás de broma no? - Grito Erick con cara de circunstancia, pero ella ya estaba muy lejos.
No tuve agallas para contarle  a mi amigo la nueva información adquirida.  ¿Cómo decirle a alguien que ya no estás en tu mundo y que todo lo que creías que era ficción existía en realidad? Parecía una auténtica locura.
- Bueno ¿De qué va esto?
- ¿Qué quieres decir? - Pregunte sorprendida ¿Se habría dado cuenta ya?
- Pues… la chica de anoche ¿De que la conocías?
- Se llama Nerissa es…
- ¿Si?
- Es uno de los personajes, por así decirlo de esos sueños tan extraños que tengo.
- No lo entiendo
- Créeme no lo entiendo ni  yo. Ya te he hablado en más de una ocasión de Nerissa y Adelbert...
- Sí, eso lo entiendo. ¿Pero quieres decir que es realmente ella? ¿No será que simplemente se le parece?
- No. Estoy muy segura de que es ella. Creo que tal vez mis sueños eran simplemente recuerdos.
- Pero eso no tiene sentido. Me has contado cosas muy descabelladas de tus aventuras con esos dos. Pura fantasía. - No supe que contestar. Mi amigo continuaba mirando las prendas que tenía entre las manos.
- Um… ¿Te bañas tu primero? Me quedare aquí de espaldas, prometo no mirar. - Asintió a regañadientes. Me senté en una de las rocas que teníamos al lado, mirando hacia el lado opuesto del arroyo. Pude sentir como se quitaba la ropa y la tiraba al suelo, como se metía en el agua, el chapoteo de esta contra su cuerpo. La tentación de girarme era abrumadora. Imaginar el torso desnudo de Erick me estremecía.  Recordé tener una sensación similar en el sueño de la noche anterior. Aquel en el que comía junto a Nerissa. Que extraño
 - Te toca.
Al girar vi a mi amigo ya vestido con el atuendo propio de Melissa y sus amigos, hubiese parecido un auténtico guerrero si no fuera por esas gafas tan propias de un bibliotecario. Llevaba unos pantalones negros y un niqui de manga corta color kaki, unas botas marrón oscuro, casi negro, muy elaboradas con una suela gruesa, echas para andar un largo recorrido. Estaba realmente guapo.
Ahora era el quien se sentaba en la roca mirando hacia el frondoso bosque y yo la que se desvestía. ¿Tendría él tentaciones de girarse? Me metí en las cristalinas aguas del arroyo dirigiéndome a la pequeña cascada que bajaba de entre las rocas. El agua fría inundaba todo mi cuerpo. De vez en cuando echaba un vistazo hacia Erick para ver si me  observa, pero seguía inmóvil, como una estatua.
Salí del agua y seque mi cuerpo con la camisa que me había quitado antes. Me envolví con el nuevo atuendo que me dio Melissa, que rara me sentía. Las botas eran como las de Erick. Vestía unos pantalones largos de color pardo y un top que apenas me llegaba al ombligo, que vergüenza.
- ¡Vaya! - Murmuro Erick.
Sentí como el rubor comenzaba a recorrer mis mejillas a tiempo que Melissa apareció por entre los árboles. Salvados por la campana.

-  En marcha.

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