miércoles, 16 de abril de 2014

Isanrra: Capitulo 2 Amnesia

Capítulo anterior:  La cueva


Abrí los ojos al sentir un agudo frio sobre mi mejilla. 

<< ¿Dónde estoy?>> Pensé aun aturdida

Frote mis ojos mirando a mí alrededor. Tarde unos segundos en orientarme, pero lentamente fui reconociendo el lugar que me cobijaba. 

No había duda de que seguía en la cueva, de alguna manera, en algún momento me había quedado dormida sobre una gran roca, con la mochila de almohada. 

<<Podría jurar que deje la bolsa en el campamento>>. 

Por más que lo pensaba aquello carecía de sentido. Lo último que alcanzaba a recordar era que regresábamos al campamento y luego… nada. No había nada más. Toda clase de recuerdo que pudiere haber tenido, había desaparecido de mi mente por completo. Me preguntaba cómo es que había vuelto a la cueva. Desperezándome me levante de un brinco y Mire el reloj deseando que no fuese demasiado tarde para volver al campamento, pero mi rostro se ensombreció al darme cuenta de que había pasado la noche allí.

Con un atisbo de preocupación busque a mis amigos con temor de haberlos perdido. Me tranquilizo ver que Erick se encontraba no muy lejos de mí, aferrando su bolsa y roncando como si no hubiese un mañana. Me aproxime hacia él, y me agache para apartele con dulzura un mechón negro que le caía con elegancia por el rostro. Estaba tan guapo... 

Nunca supe exactamente como llego a pasar. En algún momento de mi vida, mis sentimientos por el comenzaron a ser algo más que simple amistad. Obviamente mi amigo no era conocedor de estos sentimientos y aunque me doliese, me negaba a estropear todo lo que teníamos por confesarle un deseo que probablemente él no tendría por mí. Igualmente yo no parecía ser de ninguna manera su prototipo de chica ideal, él parecía más de chicas como Cora. ¡Oh dios mío Cora! Me levante de un brinco buscando con la mirada, a mi amiga perdida. No la veía por ninguna parte y entonces me di cuenta de algo. Al observar con atención me percaté de que no estábamos en el estanque. Seguramente nos habríamos adentrado en lo más profundo de la cueva. 

Que frustración no recordar nada.

- ¡Despierta zángano, hemos perdido a Cora!

- Umm… cinco minutos más… 

- ¡Señor! ¡Pero qué capacidad de dormir tienes! ¡Vamos levántate! seguimos en la cueva, parece que hemos pasado aquí la noche… ¿y Cora?

- ¿Qué pasa con Cora? - Susurro adormilado. 

No sabía si sentirme ofendida de que aquellas palabras fuesen lo único que había escuchado, o darle un tortazo para que espabilase. Me decante por lo segundo. 

- ¡Auuuutch! ¿A que ha venido eso? 

Se incorporó de golpe. Objetivo conseguido.

- ¿Es que no has oído nada de lo que te he dicho?

- Cueva… tortazo… Cora… 

Se llevó la mano a la mejilla masajeando sutilmente la zona en la que recibió el impacto. Parecía estar repasando lo ocurrido mentalmente, pero ¿se estaba quedando dormido otra vez? ¿Le atizaba otro tortazo? Prepare mi mano para el segundo asalto, cuando de improviso abrió los ojos de par en par y se levantó de golpe.

- ¡Fio! ¿Qué hacemos aun aquí?

- ¡Al fin! Eso te estaba preguntando pedazo de melón. ¿Qué es lo último que recuerdas?

-Pues… volvimos al campamento… y… y…

- ¿Y?

- Y… nada. ¿Por qué estamos aquí? - Pregunto mientras agarraba su mochila con una mirada incrédula. Parecía igual de perdido que yo. - ¿Cuándo hemos vuelto?

- Tal vez volvimos al campamento a buscarlas para coger los bañadores - cavile un tanto insegura - supongo que volvimos con Cora para darnos el chapuzón que tanto deseaba pero ¿Dónde está ella? 

Mire mi vestimenta para comprobar que efectivamente Llevaba puesta la misma blusa del día anterior que parecía estar seca. Al no tenía el bikini puesto por debajo descarte la posibilidad de que nos hubiésemos bañado. Mi amigo pareció comprender y rebusco en su mochila sacando su bañador del fondo de esta.

- Parece que no nos bañamos. Que extraño.

- Venga vámonos, los chicos estarán preocupados, y aquí hace demasiado frio. Acabaremos cogiendo una pulmonía -Indique a mi amigo tirando de su brazo. Definitivamente no comprendía que estábamos haciendo allí. Lo mejor sería volver al campamento.

No nos costó demasiado encontrar la salida. Atravesamos un par de pasadizos y seguimos andando en dirección al viento que venía hacia nosotros.

- ¡¿Pero qué diablos?! - Me detuve en seco, provocando que mi compañero chocase de lleno contra mí- Por aquí no es por donde hemos entrado.

- Aguarda, voy a ver si veo la otra salida.



Espere durante más de una hora. Una preocupación insana amenazaba con apoderarse de mí. ¿Y si se había perdido? ¿Debía entrar a buscarle? Pero… ¿y si salía justo cuando entrase a la cueva? 

No podía cesar de darle vueltas al hecho de cómo habíamos llegado hasta aquel punto. Me sentía igual que cuando me apuntaba a alguna fiesta, y bebía dos copas de más. A la mañana siguiente todos los datos eran confusos. Pero en aquella ocasión no recordaba ninguna fiesta, ¡ni siquiera había tomado alcohol! Lo mejor sería dejar de especular en el cómo, y buscar soluciones. 

El paisaje era admirable. A diferencia del lugar por el que accedimos a la cueva, en ese lado la vegetación era aún más abundante. Las flores, de todo tipo y colores, crecían tanto por el amplio césped como por los árboles, en general todo parece más vivo y en armonía. 

- Lo siento - Erick me saco de mis pensamientos. Agradecí que se encontrase bien. -Aquello es un laberinto, creía que no lograría encontrar la salida de nuevo. Tendremos que buscar el campamento por este lado el bosque. No estará muy lejos - Termino dándole un repasando a toda el área con las manos posadas en la cintura.




La noche nos alcanzó y ya era oficial. Estábamos total y completamente perdidos. No habíamos parado de andar en todo el día. Sentía las piernas totalmente agarrotadas, y por si fuese poco necesitaba quitarme aquel maldito peso de la espalda. Deseaba sentarme, comer, hidratarme. Pero también ansiaba encontrar el camino de vuelta, volver a casa y sentirme calentita con una bata. Jugar con mi pequeña gata gris. 

Aquellos pensamientos me daban fuerzas para seguir luchando, seguir caminando. No obstante, por mucho que tratase de engañarme no volvería a mi hogar. Al menos no aquella noche. 

No logramos encontrar el camino al campamento y para colmo de males nuestros móviles no marcaban cobertura. 

El pánico me inundaba de nuevo. Tendríamos que pasar la noche a la intemperie pues No teníamos la tienda de campaña. 

Con esa sería la segunda noche que pasábamos fuera de casa. 

- ¡Alto! ¡Para! Ya no puedo más Erick, llevamos andando todo el puñetero día y no hemos parado ni a comer. ¡Necesito un descanso urgente! 

Arroje la mochila contra un árbol y me senté con las piernas cruzadas. Tras varios suspiros saque un par de bocatas de mi bolsa y le lance uno a mi amigo, el cual lo miro dubitativo.

- Será mejor que lo guardes Fiora, no sabemos cuánto tiempo pasaremos aquí, tenemos que reservar la comida para cuando suceda lo peor. 

- Mira que eres catastrófico. Seguramente mañana encontraremos a nuestros amigos, no creo que estemos muy lejos. Con respecto al bocata te dije que te traería uno, así que cállate y come, además si no se pondrán malos. - al ver que él seguía mirando con esa expresión dubitativa continúe - Míralo de este modo cuando volvamos a tener hambre dame uno de los tuyos y ya está.

- veras… yo solo he traído un par de sándwiches y barritas de cereales, no sería justo para ti, este bocata es más grande.

- ¡Por el amor de dios Erick! Pues más razón aun. Tenemos que alimentarnos, repartamos lo que tenemos en las mismas cantidades. - Se quedó buen rato pensativo mientras observaba el bocata de nuevo. Finalmente asintió y no puso más pegas. 

- ¿Qué haremos ahora? - Pregunto mientras comía.

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno… ya apenas se ve la luz del sol, no podemos seguir andando por ahí, y vete a saber en dónde diablos quedo esa cueva del demonio. - Hizo una pausa - ¡Maldita Cora! “démonos un baño” ¿porque que la haríamos caso? ¿Y dónde coño esta? ¡Seguro que volvió al campamento sin nosotros! ¡Maldita bru…

- ¡Erick! No sabemos dónde está, tal vez se encuentre igual de pérdida que nosotros y lo que es peor, sola.

- Sí, es una posibilidad. Lo siento Fiora, es solo que pensar que podría haberse largado sin más, me pone nervioso.

- Admito que también se me ha pasado por la cabeza, pero tenemos que darle el beneficio de la duda. Con respecto a lo de que haremos… voto por pasar aquí la noche. Recemos para que no se acerque ningún animal.

- ¡¡¡Hare la primera guardia!!! - Mi amigo grito tan alto que del susto que me dio se me cayó al suelo lo que me queda de bocata - Lo siento, siempre he querido decir eso.

- No importa, se limpia un poco así y… ¡a comer!



La noche cada vez era más oscura, lo cual nos hacía permanecer intranquilos. Teníamos miedo. Los ruidos se tornaban diferentes en comparación a los que se percibían con la luz del sol. El canto alegre de los pájaros había desaparecido y en su lugar, los grillos cantaban con una gran insistencia. De cuando en cuando se escuchaba cierto aullido, y otra serie de sonidos que no deseaba averiguar a qué animal correspondía. 

La temperatura disminuyo copiosamente. Agradecía haber llevado un jersey de repuesto para abrigarme. Erick me ofreció su sudadera, todo un caballero, pero él también debía resguardarse de la fría noche que nos quedaba por delante. No podíamos permitirnos el lujo de que uno de los dos enfermase. 



El riguroso suelo, impedía adoptar una postura cómoda para dormir. Algunas piedrecillas se me clavaban en la espalda, haciendo así imposible encontrar una postura aceptable. Finalmente, me acurruque junto a mi amigo, para sentir su calor corporal. Este acaricio mi cabello de un modo distraído a la vez que tarareaba una canción, sumiéndome así en un profundo sueño. 




O me lo quitaba de encima o terminaría asfixiándome. Aquel hombre tenía un brazo muy fuerte, no podía moverlo, no podía zafarme de él, no podía… 

Comenzaba a perder el conocimiento. Trate de desenfundar mi espada, mas no lo conseguía, logre rozarla con la punta de mis dedos y en aquel instante el me agarro la mano con el brazo que le queda. Demasiado tarde…

<< ¡Oh, bendito aire! >> 

Sentí como el oxígeno volvía a mis pulmones. Me gire para averiguar el motivo de mi liberación. 

Sangre. 

Nerissa se encontraba de pie junto al cuerpo inerte de la persona que intentó estrangularme. Su espada aun chorreaba el espeso líquido rojo y su mirada era aterradora. esos ojos… había algo diferente en ellos. Ira. 

Fije la vista en el cadáver observando los tatuajes de su rostro.

- Soldados de Dayron - comento mi salvadora en un tono lleno de ira. 

- Lo sé, si él está aquí los demás no andarán muy lejos. Será mejor que nos pongamos en marcha - me gire, en busca de mi otro compañero que seguía durmiendo sin haberse enterado absolutamente de nada-. Levántate Adelbert ¡Nos vamos!




Fue un extraño sueño. Desde luego no era yo, parecía una autentica guerrera dando órdenes y hablaba de un tal... Da… Dami… ¡Dayron! ¿Quién diantres era ese Dayron? 

Comenzaba a sentirme exasperada pues aquellas quimeras cada vez eran más frecuentes y mucho más vividas. Aun cono todo seguía sin comprende si aquellos sueños realmente querían decirme algo. 

En una ocasión, unos de los psicólogos que me trato, me comento que se trataba de una vida, unas personas, unos amigos que había inventado en mi subconsciente para compensar mi soledad. Para alejarme de mi mundo real. Si bien era cierto que no era muy feliz en el lugar donde vivía. La codicia, la ambición, la falta de humildad de las personas, la forma en la que las estas evolucionaban me hacía replantearme ciertos aspectos de la vida. Pero Aun asi, bajo ningún concepto iba a aceptar que me estaba inventando un mundo nuevo para sustituir el mío. Sin duda no sabía que significaban aquellos sueños, pero ¿acaso importaba? No eran más que absurdas fantasías al fin y al cabo. 



Un lejano ruido atrajo mi atención. Aún no había amanecido, pero no faltaba demasiado. ¡Crash! Ahí estaba de nuevo. Levante la mirada para observar a mi amigo que se había quedado dormido con la cabeza apoyada contra el tronco del árbol. ¡Vaya un vigía!

- ¡Erick despierta! He oído algo.

- Ummm… un poquito más… 

<< No me lo puedo creer ¡siempre igual para despertar a este hombre! >> 

Me levante de un brinco dejando a mi amigo tendido en el suelo. Este lentamente comenzó a desperezarse profiriendo un leve grito de satisfacción al estirarse sobre la hierba.

- ¡Tss! No grites he oído ruidos, me parece que hay alguien ahí.

- ¿Dond… - me acuclille al instante para taparle la boca con la mano. Lo había vuelto a oír, estaba completamente segura de ello.

Permanecimos varios minutos como dos animalillos asustadizos, con temor de mover un solo musculo. Al rato ya no se escuchaba ningún tipo de sonido fuera de lo común, ni se veía nada extraño, por lo que libere la boca de mi amigo me erguí y propuse seguir adelante con nuestra empresa. No podíamos quedarnos parados eternamente. 

Recogimos todas nuestras pertenencias, no es que hubiese demasiadas ya que nos dejamos gran parte de ellas en el campamento. Eche especialmente en falta el calor de mi saco de dormir, no hice sino despertarme continuamente a causa del frio, un simple jersey no fue suficiente para acabar con la gélida noche. 




Todos los caminos parecían iguales ¿Cómo podía orientarse nadie entre tanta vegetación? Nos sentamos bajo un viejo roble. Ya solo nos quedaba una barrita de cereales y una manzana verde y arrugada, que repartimos entre ambos. Erick mostraba un aspecto cansado. unas pequeñas bolsas moradas asomaban bajo sus ojos y La suciedad inundaba todo su rostro, las manos, las uñas; la ropa estaba igual de machacada y desgarrada. ¿Tendría yo el mismo aspecto andrajoso? Hacía días que se nos acabaron los temas de conversación, cualquier cosa que dijésemos sonaba horrible. Hablar de casa era sin duda la peor de las opciones ya que los dos deseábamos estar allí. Hablar del futuro carecía de sentido, pues habíamos admitido que estábamos completamente perdidos. Por más que anduvimos no dimos con ningún tipo de pueblo, ni signos de civilización. No era posible que nos hubiésemos alejado tanto del campamento.

Volví a mirar el llavero que sostenía entre las manos, con la foto de mi padre y de mi gatita. Cinco días fuera de casa. Comenzaba a estar realmente preocupada por Missi. Me aterrorizaba pensar que cuando volviera a mi hogar le hubiese sucedido algo malo. No podía si no rezar por que el padre de Erick, que poseía una copia de las llaves de mi casa, hubiese entrado a mi hogar a alimentarla.

No le dije nada a mi compañero por no preocuparlo, pero aún tenía esa inquietante sensación de que alguien o algo nos seguían. 

<< Un animal >> pensé.

La mañana anterior pude verlo, o eso pense. Lo único que vislumbre fue el pelaje gris de alguna especie de fiera. Poco más tarde pude ver unos grandes ojos esmeralda acechando entre las sombras. 

<< Probablemente es algún tipo de felino >>. 

- Vamos a tener que buscar algo para comer o moriremos de hambre. - Soltó Erick de imprevisto. Su voz sonaba ronca.

- O de sed - objete poniendo mi cantimplora del revés soltando unas escasas gotitas de agua. - Mi cantimplora ya está vacía y a la tuya poco le queda.

- En realidad se acabó anoche, lo siento, tenía la boca más seca que una uva pasa.

- No te disculpes conmigo. Saldremos de esta, ya lo veras. - Aunque en realidad no estaba muy convencida de ello.

No soportaba verlo así, a pesar de que aún conservaba esa pequeña chispa que tanto le caracterizaba, ya nunca sonreía y casi siempre estaba en modo negativo. Erick siempre era quien tiraba de mí, quien me animaba a seguir adelante, el positivo del grupo. Pero en esa ocasión… Era yo quien debía hacerlo, la que tenía que luchar por los dos, por mantenernos a ambos a salvo. Llegue a pensar que en algún momento de nuestra aventura mi amigo entro en alguna especie de trance. Pero no podría asegurarlo.

- Quédate aquí, voy a ver si veo alguna mora o algún tipo de fruta por los árboles. 

Si bien había estado especulando con cazar animales el día anterior a la acampada, realmente no me sentía capaz de hacerlo. Quitar una vida… 

- ¡De eso nada! No pienso dejarte sola voy contigo.

- Está bien, vamos. 

No deseaba discutir con él. Mi intención fue que se quedase descansando un rato, pero sentí alivio de que finalmente me acompañase. Lo cierto era que me asustaba el hecho de que permaneciéramos demasiado tiempo separados el uno del otro. No me apetecía perderme y acabar vagando sola por esos parajes.



Rebuscando entre la vegetación halle unas zarzamoras. rasgue un par de veces mi mano al coger la fruta pero finalmente logre atrapar un puñadito. También encontré unas setas, no obstante no estaba segura a ciencia exacta de si podrían ser comestibles. Mi padre trato de enseñarme cuales eran buenas y cuáles no, pero siempre me aburría con esas clases y no prestaba demasiada atención. Cuan arrepentida me sentía entonces. Sin embargo, si reconocí otro tipo de hongos que vi no muy lejos de donde estaban los primeros. Supe al instante que eran comestibles por lo que agarre todos los que había. Seguí andando con la buena suerte de encontrar bajo unas hojas, unas cebollas silvestres.

<< ¿Cómo vamos a comernos esto? >> Me pregunte. 

Era increíble la de alimentos que había por esa zona. 

Encontré a Erick cerca de una charca llenando las cantimploras. El agua parecía ser potable. Cuando termino se giró y miro sonriente mientras se acerca a mi posición. Al fin podríamos saciar nuestra hambre y sed. La suerte parecía haberse puesto de nuestro lado.

¿¡Pero que!? ¿Qué había pasado? Mi amigo cayó desplomado al suelo. Corrí lo más rápido que pude para auxiliarle, pero... ¡Auh! Note un pinchazo en el cuello. De repente sentía pesados todos los músculos de mi cuerpo. Me tire al suelo. Los parpados se me cerraban. ¡Oh no! era demasiado tarde, estaba perdiendo la consciencia.



<< Erick, lo siento. >>





 Capítulo 3: ¿Quién es ella? 

miércoles, 9 de abril de 2014

Isanrra: Capítulo 1 La cueva


   Capítulo anterior : Prologo
  
Erick, se presentó en casa de su amiga cuando está aún estaba por empezar a desayunar. Fiora se levantó de la mesa del comedor, gruñendo algo imperceptible, y fue a recibir a su amigo a la puerta.

- El desayuno es la comida más importante del día ¿Sabes? - Indico con cara de pocos amigos. Y volvió a girarse para regresar al comedor.

- Lo sé, lo sé, el desayuno es sagrado para ti. Come tranquila.

Erick, Se tiro sobre la alfombra del suelo mientras depositaba su mochila a un lado. Missi se acercó correteando hacia él y comenzó a ronronear y a restregarse al lado de la bolsa de este, erizando sus bigotes.

Fiora la observaba sin poder evitar recordar la primera vez que la llevo a su hogar, como podría olvidarlo. La pobre gata estaba tan asustada, que se escondió detrás del sofá, en donde pasaría varios días antes de confiar en ella.

<< ¿Qué mente enferma abandonaría a una criatura tan pequeña e indefensa? >> pensó mientras trataba de atraer a Missi hacia ella con un cachito de jamón. << Tal vez no fue así, tal vez su mama gata tuvo una camada por los alrededores y Missi se perdió. >>

Era asombroso lo rápido que crecía. Su pelaje era cortó y suave, de un color gris pardo con unas delgadas líneas negras aquí y allá. Gozaba de unos preciosos ojos esmeraldas, y le asomaban unos pelitos por detrás de las orejas. Hubo un tiempo en que Fiora pensó, que tal vez procediese de un linaje de linces, pero lo descarto al instante, ya que no habitaban por aquella zona.

Tras varios arrumacos, ronroneos, maullidos, incluso zarpazos cariñosos, Erick, al fin se decidió a sacar de la bolsa el pequeño taper, con cachitos de lomo de la cena del día anterior que había reservado para ella. Este, Siempre le guardaba lo que fuere que sobrase cuando su madre hacia exceso de comida, lo cual solía ser de forma muy continua.



Podría decirse que la muchacha desayuno tan rápido como le fue posible, pero si éramos honestos a la verdad, no se esforzó demasiado por apresurarse. Tras haber saciado su hambre, se encamino a su habitación, termino de preparar su morral y se desprendió de su pijama de ositos, sustituyéndolo ahora por unas mallas negras y una camisa de color azul.

Antes de proceder a abandonar su casa, Fiora, se despidió con un dulce besito de Missi, a la cual no pareció hacerla demasiada gracia, y se aseguró de dejar repartidos por toda la habitación, cuencos con pienso, para que no pasase hambre. Solo serían un par de días, pero como bien expresa el dicho, más valía prevenir que curar.



Desde que los muchachos comentaron que se organizaría una acampada, Fiora, no podía hacer más que deliberar y fantasear con todas las actividades complementarias que podrían realizar. Se presentaría voluntaria para recolectar madera y encender una fogata en donde asar la comida, le pediría a Cora, su mejor amiga, que fuese su ayudante en la labor, y así hablarían de todos los cotilleos que se habían perdido en aquellos meses. No obstante y a pesar de las elucubraciones de Fiora, ella sabía que nada sucedería así, sobre todo si teníamos en cuenta, que sus compañeros llevarían comida, y que probablemente no prendiesen una hoguera por miedo de crear un incendio forestal. Si tenían frio se cubrirían con sus sacos de dormir y si la comida estaba fría utilizarían el campin gas.



El gran todoterreno negro, circulo a través de la vegetación hasta donde el camino le permitió el acceso. Fue Luis quien se animó a llevar a Cora, Erick y por supuesto a Fiora. A su lado de copiloto, iba Megan, la novia de Luis, con la que llevaba ya sus cinco años, su primer amor. Fiora, iba tan ensimismada pensando en sus fantasías, que apenas fue consciente del trayecto hasta que el vehículo se detuvo frente a unos inmensos robles.

Como estos, fueron el primer grupo en llegar, tuvieron que esperar alrededor de veinte minutos a que el resto de sus amigos los alcanzase.

- Oye Fiora, ¿Qué te ha pasado en el cuello? - Pregunto Luis mientras sacaban las cosas del maletero.

- ¿A qué te refieres? - La muchacha palpo su cuello crispada - No tengo nada.

- Sí, es cierto tienes toda la zona morada ¿no te duele? - Los profundos grises ojos de Erick, se clavaron en Fiora a través de sus lentes, parecía un tanto molesto por no haberse fijado antes en las heridas de su amiga.

Ella Odiaba ser el centro de atención y en aquel momento todas las miradas se dirigían hacia su persona. No obstante no pudo evitar admitir que sus amigos estaban en lo cierto. Aquella noche algo raro había sucedido pues trataron de estrangularla, y a pesar de que todo fue un sueño y nada tenía sentido, cuando se miró en el espejo aquella mañana, observo unos pequeños hematomas rodeándola el cuello.

- ¡Ah! ¿Esto? - Pregunto señalando con el dedo índice el moratón de su garganta - no es nada, es solo que… soy sonámbula. - y con un sencillo gesto en la mirada dio a entender que la conversación había finalizado, cargo su mochila a la espalda, agarro la tienda de campaña de Erick con una mano y un faro con la otra, y comenzó a caminar hacia el sendero.





Anduvieron durante más de una hora, esquivando piedras, raíces, y toda clase de obstáculo que se interpusiese por el camino. Fiora tropezó en más de una ocasión, de no ser por sus compañeros, que la sujetaban asiduamente, hubiese caído en más de una vez.

Ningún sitio era perfecto para montar la tienda, <<nada demasiado terrorífico>> Pensó. “Que si esta zona queda demasiado a la intemperie, que si aquí hay demasiados árboles, tiene pinta de haber animales salvajes, hay muchas piedras, este suelo no me gusta…” Todo eran inconvenientes para sus amigos.

Una desesperación comenzaba a recorrer todo su cuerpo, cuando al fin parecieron hallar el lugar ideal, ¡menos mal! Las piernas de Fiora, comenzaban a sentirse como si de gelatina se tratase, a cada paso que daba más le temblaban, por no mencionar la mochila cargada sobre sus hombros, que como era de esperar, pesaba una barbaridad.

Cuando se detuvieron en la explanada, Fiora arrojo la mochila contra el suelo, poso sus manos sobre la cintura y recorrió la zona con la mirada. Pensó que aquel lugar no era nada que no hubiesen visto camino atrás, la misma vegetación salvaje, las mismas piedras y las mismas raíces. La única diferencia que parecía haber, era un árbol caído y ya medio podrió por la humedad.

- Vamos ayúdame a montar la tienda - Ordeno Erick.

-¿De verdad? - Preguntó atónita. Al ver que su amigo la miraba sin comprender continuo; - oh vamos, acabamos de llegar, tenía la esperanza de sentarme un rato y bébeme al menos cuatro litros de agua. - Pero Erick la echo una mirada severa que indicaba claramente que no iba a gozar de un descanso, al menos no por ahora.

- Bueno ¿y cómo vas, Sigues luchando por salvar al mundo de la invasión alienígena? - Preguntó el muchacho en tono burlón mientras le pasaba un extremo de la tienda a Fiora.

- ¿Qué?

- ¿Sigues teniendo esos sueños tan extraños?

Por supuesto Erick estaba al tanto de la existencia de sus quimeras. Normalmente se lo contaba todo, pero en aquella ocasión se vio obligada a hacerlo.

Cuando murió el padre de Fiora, está lo último que deseaba era permanecer sola en su hogar. La angustia y la depresión se apoderaban de ella, en el momento exacto en que no tuviese nada con lo que distraerse. Así pues, llamo a su amigo y le pidió que se quedase un par de días en su casa. La primera noche, Fiora volvió a soñar con Adelbert. En aquella ocasión, estos estaban solos, con la pequeña excepción de eran perseguidos por un grupo de hombres armados con espadas. Sus persecutores vestían todos del mismo modo, con ropas oscuras que tapaban prácticamente cada milímetro de su piel, un rasgo que les caracterizaba eran esos tatuajes que llevaban en la cara. Fiora y Adelbert corrían a la velocidad del viento a través del bosque, salteando los diferentes obstáculos que se interponían ante aquella libertad tan ansiada, pero el gran sentido del equilibro de Fiora volvió a traicionarla, terminando por tropezar con algo, y provocando así que uno de los hombres que los seguían, la capturase. Este agarró el brazo de la muchacha levantándola del suelo y atrayéndola hacia él, Fiora no pudo zafarse de sus garras y no tuvo tiempo de reaccionar antes de que aquel hombre fiero y con expresión sombría, la clavase un puñal en el abdomen.

En aquel instante Fiora se despertó aullando de dolor, palpando el lugar en que se clavó el puñal, pero no había nada, su abdomen estaba completamente limpio. Erick preocupado por su amiga, fue corriendo al dormitorio de esta, con el fin de averiguar que había ocasionado aquellos gritos de terror, y la encontró incorporada sobre la cama con una mirada de auténtico pánico sobre el rostro y chorreando de sudor.

Tras un largo rato conversando con él sobre los extraños sueños que la visitaban casi todas las noches, se sintió totalmente aliviada. No había sido consciente hasta ese momento, de lo mucho que necesitaba desahogarse con su mejor amigo, y no como siempre con su antiguo psicólogo, el cual no pareció ayudarla.

- ¡Ah! sabes que sí, no creo que se me pase de la noche a la mañana.

- Lo sé. ¿Y eso te lo has hecho durmiendo? - Preguntó señalando el moretón del cuello de su amiga, esta vez con expresión preocupada. - ¡Vamos, sé que no eres sonámbula! He dormido contigo un montón de veces.

- Admito que no sé cómo me lo he hecho, Erick, pero ¿Qué otra cosa puede ser? Anoche tuve un sueño en el que un hombre me agarraba del cuello, y hoy tengo esto - Señalo su moretón-. Lo más lógico es pensar que me estrangule a mí misma.

- ¿Has pensado en visitar otro terapeuta?

- ¿Otro? Ya he estado en doscientos loqueros y he probado con mil medicamentos y ninguno funciona. - Exageró

- Sigo pensando que deberías ir, no puedes seguir así Fiora ¡Mira lo que te has hecho! La próxima vez podría ser peor ¿Y si…

- ¡Listo! - Interrumpió ella haciéndole ver a su amigo que habían terminado de montar la tienda. Sonrió con descaro y dio por zanjada aquella conversación. Carecía de sentido hablar de ello, jamás se pondrían de acuerdo. Fiora detestaba los médicos, los psicólogos, los hospitales y todo lo que tuviese que ver con ellos. Tuvo suficientes experiencias con estos en el último año. No supieron ayudar a su padre con la enfermedad que portaba, y no lo harían con ella. Se prometió a si misma que si su vida no corría verdadero peligro de muerte, no volvería a dirigirles la palabra.

Ambos metieron el resto de sus pertenencias en el que sería su refugio nocturno, y extendieron los sacos de dormir para no tener que hacerlo más tarde.





Poco después, se reunieron con el resto del grupo, que ya habían terminado de montar el campamento, y se lo pasaron de fábula colocando en círculo algunos troncos, que utilizarían como asiento. Si los datos de Erick eran correctos, aquel seria el escenario que utilizaran los chicos para atormentarnos a las mujeres con sus estúpidas leyendas urbanas.

- ¡Vamos venid aquí colegas! - Gritó Luis al vernos llegar, y haciendo un gesto con la mano para que tomasen asiento - Estamos picando algo.

Fiora se fijó en la toalla que habían extendido sobre el suelo, con una infinidad de cosas variadas para picotear; Maíces, gusanitos, queso, pan, galletas, y un tipo de fruta que no le era familiar, entre otras cosas. Obedeció a Luis y se sentó junto a una chica que no conocía de nada, al mismo tiempo que agarraba un pequeño puñadito de maíces.

- Hola, yo soy Clara-. Señalo la chica mostrando una deslumbrante hilera de dientes. - No nos han presentado.

- Fiora, mucho gusto ¿quieres? - Extendió la mano ofreciéndole los maíces.

- No gracias, los he traído yo y ya estoy bastante llena.

<< ¡Mierda! A esto se le llama quedar mal. >> pensó.

- Muy ricos - sonrió.

Menudo lio, no sé le ocurría como salir de aquel embrollo. Miro a su mejor amiga Cora que se encontraba frente a ella, con ojos suplicantes. Cora estaba riendo, por lo que dedujo que debió de ver toda la abochornante escena, y no parecía que fuese a acudir en su rescate.

<< Tranquila, piensa. ¡No es justo! no sabía que había que traer cosas ¡No tengo nada que ofrecerle! >>

- Bueno… y ¿Qué haces, estudias o trabajas? - Pregunto Clara, la muchacha a la que acababa de conocer. Fiora Agradeció la pregunta, por fin algo de qué hablar. Sacar temas de conversación no era algo que se le diese especialmente bien.

- Trabajo en un supermercado a las afueras de mi pueblo ¿Y tú a que te dedicas?

- Estudio en la universidad.

La conversación concluyo en aquel instante. Clara se despidió, poniendo como excusa que debía hacer una llamada telefónica, algo que Fiora pudo agradecer, pues la charla se había tornado bastante incomoda.

No podía dejar de pensar en Missi, nunca antes había pasado una noche sola en casa, sabía que estaría bien y no obstante no podía evitar preocuparse ¿y si se sentía triste? ¿Y si pensaba que la había abandonado?

<< ¡Por favor, Fiora relájate! Estará bien, sabe cuidar de sí misma, es lista. >>

- ¡Fiora!

- ¡Madre de dios que susto me has dado!

La sutileza de Cora la devolvió de vuelta al planeta tierra, pero no de una pieza me temo.

- Jajaja lo siento. ¿Te vienes a dar una vuelta? Me apetece investigar un poco, y además me aburro de oír hablar tanto de videojuegos. - Parecía no querer aceptar un no por repuesta

- ¿Os importa si me apunto? - Intervino Erick. Su voz sonaba casi a suplica. - Si preferís estar solas lo entenderé.

- Por mí no hay problema - Concluyo Cora mientras se levanta y sacudía con gracia la suciedad del pantalón.

Fiora y Cora se conocían desde hacía poco tiempo, pero lo cierto era que habían conectado muy bien. Tanto que esta se había convertido en su mejor amiga. Cora era el tipo de mujer en la que todos los hombres se fijaban, rubia, ojos azules, un cuerpo espectacular, y para más inri una bellísima persona. Sin embargo Fiora era todo lo opuesto, una chica del montón, con la tez más bien pálida y una melena ondulada y roja que le llegaba por los hombros, y añadir que un tanto huraña y quejica.



Los tres muchachos cruzaron un sendero, que parecía estuviese hecho por humanos más que por la madre tierra. A cada lado del camino, bien posicionadas, había piedras de distintos tipos y tamaños. Realmente era una imagen digna de ver. Aun con todo, no era un pasaje agradable. Cada poco rato, les saludaban esas dichosas y elevadas cuestas que acabarían destrozándole por completo las piernas a Fiora, pues aún no se había repuesto del todo. Subían y subían, esa tortura no acabaría nunca. Llegó a plantearse si aquel lugar tendría una cima, un final. ¿Hasta dónde quería ir Cora? Se encontraba débil, hacia demasiado tiempo que no se pegaba esas caminatas y había perdido mucha resistencia. Por un momento deseo regresar al campamento, sentarse y comer algo. Sus amigos iban por delante de ella hablando de cosas intrascendentes, mientras la pobre muchacha luchaba por alcanzarlos.

Pero entonces, a lo lejos algo capto algo capto su atención. Una cueva. No estaba segura de si debía detener a Cora y Erick. Pero qué diablos, habían ido a investigar ¿no?

- ¡Eh chicos! Quiero ir allí. - Grito señalando en dirección a la cueva, mientras se mordía nerviosa el labio inferior.

Cora miro la entrada de la cueva con una expresión que no sabría definir. Finalmente ambos asintieron.

De lejos se veía deslumbrante. Un gran arco rocoso cubierto de estalactitas, sin embargo a la vista no parecía muy deteriorada. Una vez en el interior la imagen no era peor, El verde césped del suelo entraba hasta muy adentro del lugar y los rayos del sol se filtraban reflejándose en el pozo de agua azul que se mostraba a pocos metros de distancia. El cuadro era realmente espectacular. Parecía que el lugar tuviese una luz propia.

- Yo ya he estado aquí - Murmuro Fiora sin pensar.

- ¿Enserio? - Preguntaron al unísono sus compañeros - ¿Cuándo? - Prosiguió Erick.

Conocía a Erick desde que eran unos críos, sus padres eran coleguillas cuando estuvieron en la mili, y con el tiempo aún conservaron la amistad. Solían llevarlos al parque a patinar, una de las aficiones favoritas de Fiora por aquel entonces. Por no mencionar que siempre los inscribieron en los mismos colegios; desde parvulitos, hasta secundaria, siempre juntos.

- No lo sé.

La sensación de familiaridad era abrumadora, no lograba recordar cuando había estado allí. Tal vez de pequeña, en una de las muchas excursiones a las que iba con su padre. Era lógico que se le hubiese olvidado, pues ella tenía muy pocos años, y habían ido a tantos sitios que resultaba imposible recordarlos todos.

Cruzaron por al lado del pozo de agua azul y se adentraron por uno de los pasadizos. a pesar del gran temor que sentían de perderse, la curiosidad se apoderaba irremediablemente de ellos. Cora iba corriendo de un lado a otro, saltando y riendo como una niña pequeña, no se podría decir quien estaba más entusiasmada por estar allí.

-¡Mirad! - Bramo.

Se encontraban en una especie de estanque. El agua se veía pura y cristalina y no parecía tan profunda como la del pozo que habían dejado atrás. Parecía como si se tratase de aguas termales, pues un pequeño vapor de humo se alzaba sobre el agua.

- Mira está caliente. Tócala.

Fiora se inclinó a su lado mirándola fijamente a los ojos, hundió la mano en el agua y… no podría describirlo. Sí, estaba caliente pero… había algo más, un cosquilleo recorrió su brazo, no adivinaba lo que era pero quería más, quería sentirlo por todo el cuerpo, por todo su ser.

- ¿No os dan ganas de daros un chapuzón? -. Le sorprendió Cora. ¿Habría sentido lo mismo que Ella?

- Pero… Cora… no hemos traído el traje de baño, nos lo hemos dejado todo en el campamento - Indico Erick ruborizado.

- ¿Cuál es el problema? ¡Volvamos a por las mochilas, o metámonos con la ropa interior! ¡Venga! No aceptare un no como respuesta - La idea de quedarme en paños menores bajo la mirada de sus amigos no era algo que a Fiora la atrajese.

Fiora, sin responder a su amiga, aparto la vista de ella y de nuevo volvió a fijarla en aquellas aguas cristalinas sumergiéndose en un estado de absoluta tranquilidad y relajación.



 Capítulo 2 : Amnesia 

Jessy

sábado, 5 de abril de 2014

Isanrra: Prologo


El crepitar de las llamas la embauco en su ardiente fulgor. Sus preocupaciones sus anhelos… todos quedaron absortos por la hoguera que se mostraba ante ella, hipnotizándola, arrastrándola a un estado de total y absoluta relajación.

El resto de la compañía aun dormía. Era aquella muchacha quien debía mantener la guardia, velar por el bien de sus compañeros, asegurarse de que nada irrumpiera en su sueño.

A la derecha de la hoguera, acostada a la intemperie, se hallaba una mujer, pero la muchacha encargada de la guardia nocturna no podía ver su rostro. Tan solo podía observar una larga melena negra y ondulada y que vestía con ropajes que parecían estar hechos para la batalla. Esta, Se mostraba intranquila, pues descansaba abrazada a un sable con bellas esmeraldas incrustadas en el mango. Podía apreciarse que no había pegado ojo en varios días.

Sin embargo el hombre a la izquierda de la pira descansaba a pierna suelta sin preocupación alguna. Al contrario que la mujer, mostraba un aspecto relajado y confiado. su atuendo era similar al de ella, mas la espada de este, reposaba tranquila sobre el verde césped.

Podía palparse en el ambiente un aire intranquilo, todo al rededor era demasiado silencioso, y eso a la vigía del campamento no le dio buena espina. Desenvaino su arma mirando a derecha izquierda, pero era demasiado tarde. Unos musculosos brazos rodeaban su cuello haciéndola soltar el arma de golpe y robándole el oxígeno de sus pulmones. La muchacha trato de zafarse en vano pues la persona que la estrangulaba era demasiado fuerte. Intento gritar con la intención de alertar a sus compañeros dormidos, pero su garganta no emitió sonido alguno….







Despertó dando un brinco de la cama y proliferando un sonoro grito de dolor. La costaba respirar. Las manos aun le temblaban debido al miedo y sentía como si el individuo que intento asesinarla en su sueño estuviese ahora en la habitación. Pero no era así. Tan solo había sido un mal sueño.

No era la primera vez que veía a Nerissa y Adelbert, pasaban tanto tiempo en sus sueños que comenzó a pensar en ellos como sus compañeros de aventuras. Hasta hacia poco tan solo soñaba con pequeños fragmentos, cosas insignificantes, como verse a los tres caminando a la intemperie en un gran prado verde, y de repente ver un tipo de ave enorme y lustrosa volando por encima de sus cabezas. U observar a una mujer joven de aspecto andrajoso, que sostenía una gran bola de luz en la mano. Y así escena tras escena.

Pero los últimos meses dejaron de ser solo fragmentos para transformarse en historias continuas y muy vividas.

Fiora no comprendía si aquellos sueños tendrían algún significado oculto, o simplemente estaba volviéndose loca de azahar. Había consultado ya con varios especialistas, pero todos le decían lo mismo. Que se debía al estrés post traumático debido a la pérdida de un ser querido. Su padre.

Nunca conoció a su madre. Desconocía si aún seguiría con vida o cuáles fueron sus motivos para abandonarla. Pero si llegados a aquel punto de su vida aun no había tenido las agallas suficientes para ponerse en contacto con Fiora, su hija, desde luego ella no lo haría. Jamás podría perdonarla por no haberse dignado a llamarla por teléfono, mandarla una postal, dar una simple señal de su existencia. Pero sobre todo y lo más importante, por no haber acudido al funeral de su amado padre.



Missi y Erick eran todo lo que ella tenía en la vida.

Una tarde como era habitual, Erick y Fiora salieron a dar un paseo por el rio de las que se encontraba a las afueras del pueblo. Fue entonces cuando encontraron a Missi. Guiados por unos débiles maullidos, la hallaron sobre una roca rodeada de agua, aferrándose como podía a la vida. Era tan pequeña… apenas tendría dos meses. Erick se metió de inmediato al rio para sacarla, y cuando la llevo ante Fiora, esta la envolvió con premura en su chaqueta a modo de manta. Estaba muy asustada, empapada y temblando por el frio.

Cuando la llevo a casa, le pedio a su amigo que cuidase del pequeño felino ( y le diera algo de comer) mientras ella corría a comprar ciertas cosas que podrían ser de utilidad para el nuevo miembro de la familia; una camita, pienso para gatitos, juguetes.



Se dice que toda historia tiene un comienzo y un final. Pues bien, la suya comenzó con lo que pensó que sería una tranquila acampada con unos viejos amigos.

Erick y Cora, fueron quienes la organizaron con ayuda de unos cuantos amigos más. Hacía mucho que el grupo no se reunía, pues como es sabido a la larga las amistades solían acabar distanciándose por una cosa u otra. Esta quedada había sido pensada especialmente para ponerse al día y reconectar viejos lazos perdidos. Fiora estaba realmente entusiasmada con la idea, en especial por todo lo que la había sucedido en el último año.

Sin duda fue un año muy duro para ella. su padre enfermó por causas desconocidas y pasaron la mitad del tiempo de hospital en hospital, intentando buscar la causa de su sufrimiento. Pero desgraciadamente no la descubrieron a tiempo.

Falleció.

A causa de lo acaecido, Fiora, descuido mucho a todas sus amistades, incluido Erick quien siempre había permanecido a su lado, desde que eran tan solo unos renacuajos. Ella, Sabía que no era excusa, pero se sentía muy cansada y sin ganas de hacer absolutamente nada, excepto acurrucarse en la cama con Missi a su lado, mientras leía un buen libro.

Definitivamente Aquella situación debía acabar. Tenía que salir de la cama, tenía que recuperar a su amigos, se acabó el auto complacerse de sí misma. Dejaría la bata a un lado, se serviría un buen tazón de café y comenzaría una nueva vida.





- ¿Sí?

- Fiora soy yo Erick

- ¡Erick! ¿Qué ha pasado? - El hecho de que su amigo la telefonease en aquel preciso instante no era signo de buena señal. - No me digas que al final se suspende la acampada, Jo, ya lo tenía todo preparado, me hacía mucha ilu…

- ¡No, no, no!, no es nada de eso, simplemente te llamaba porque al final los chicos han pensado que sería más divertido acampar en otro lugar, ya sabes adentrarse más en el bosque, supongo que pretenden encender una hoguera y contar historias de terror para que las chicas se abracen a ellos, ya me entiendes - Termino diciendo con la voz vacilante.

- ¡Oh!, es eso. Vale no tengo problema. ¿Me vienes a buscar a casa o quedamos en la plaza?

- Te voy a buscar como siempre. - Hizo una breve pausa - Otro detalle, al final Megan y Luis también se apuntan, así que andamos algo escasos de tiendas, yo podría llevar la mía pero… umm… - Parecía no saber cómo continuar la frase. no obstante, ella sabía lo que quería proponerle y le ayudo contestando a su futura proposición.

- Sí Erick, dormiré contigo en la tienda ¡Ni que fuese la primera vez!

- Jaja ya, pero entonces éramos unos niños.

- ¡No exageres! No hace ni un año de la última vez que te quedaste a dormir en mi casa.

- ¡Ya! En eso tengo que darte la razón. Bueno, hasta mañana entonces Fio. Y oye, Si te da por hacerte un bocata de tortilla de patata, con esos deliciosos pimientos rojos que tanto me gustan ¡ya sabes! Tráeme uno. - La muchacha pudo notar como se le caía la baba, incluso a través del teléfono.

- Sabes que si Erick. ¡Hasta mañana!





<< Vaya parece que al final nos adentraremos en el bosque. Será divertido. >>



Jessy

lo siento



Lamentándolo mucho he decidió que voy a cambiar la forma verbal de esta historia (Isarra) y tal vez cambie completamente el Prólogo o algunas otras cosas. Lamento las molestias si alguien ha estado leyendo. Tratare de hacerlo todo lo más rápido posible.

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